Este Lugar

6 abril, 2010 at 7:05 pm Deja un comentario

Cuando volvió la vista hacia este lugar
dejó a un lado su belleza de abril
y recogió su belleza gentil vegetal.

Sus oídos se hicieron tocables por el rumor
ardiente de las arenas,
su voz se tornó larga y serena
y con ella logró formar un cerco
para proteger el temblor de las hojas
y el zumbido frágil de las libélulas.

Sus sueños se disolvieron en el lodo
al fondo de las lagunas,
y sus dedos se volvieron cauces de agua y luz.

Así reposó por años
hasta que un día,
como si no importara,
como si no hubieran miles de piedras
elevando sus ojos
suplicantes
hacia ella,
como si cada uno de esos cuerpecitos inertes
no hubiera encontrado ya en ella
su perfecto lugar,
se levantó,
sacudió con violencia sísmica la tierra
y partió sin volver la vista atrás.

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Los Sollozos de un Muerto Casa de Madera

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