Eneida

12 septiembre, 2010 at 10:04 am Deja un comentario

De niña
Eneida surcaba océanos
de colores,
subía sin esfuerzo lazos de luz
y se trasladaba con pasos ligeros
entre esferas brillantes,
ajena a las feroces lanzas
que cercaban su soledad.

Su mundo, interminable y pequeño,
cabía en una almeja
y le bastaba su transparencia
para habitarlo feliz.

Pero en el preciso instante
en que se supo parte
del firmamento
la cegó un cometa ardiente
y Eneida lloró
porque perdió el camino
de regreso a su laguna encantada.

Entonces resolvió, de cara a su destino,
lanzar su tesoro hasta lo más profundo
del desconsuelo donde
su cerrada belleza
no se pudiera abrir jamás.

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Alta es la Noche… Fotografía

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