Celaque

7 junio, 2013 at 2:21 pm 1 comentario

Sé de un paisaje brusco
con casitas rojas de piedra
y blancas de lodo
que giran
en múltiples inclinaciones
alrededor de un señor severo.

El ojo incrustado contempla
los ciclos
de cuerpos que lo adoran
porque no saben más
que respirar su aliento.

Ahí he visto masas oscuras
-figuras con rasgos humanos-
llover despacio sobre el barro,
hacer saltar gotas duras
de la mano de la desdicha
al precipicio.

He creído que violentan la serenidad
de las cosas del campo,
pero termino abatido y sencillo
porque he comprendido
que es incontenible
y vital
el llanto del ojo central.

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You’re Always There Una Razón

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